El personaje más extravagante que encontramos en la ciudad fue sin duda este individuo con quien nos cruzamos cerca de los jardines de Luxemburgo. El hombre en cuestión andaba por la acera con los ojos semicerrados, como si fuera sonámbulo, y avanzando por la calle a una asombrosa velocidad de un paso cada diez segundos. El resto de transeúntes le observaba con una mezcla de asombro e incredulidad. De hecho, vimos como un niño de apenas tres años comentaba a su madre: “¡Maman, maman, un fantôme!”. Definitivamente tengo un imán para las situaciones surrealistas.
Toda una declaración de principios que encontramos escrita sobre una pared del Barrio Latino. Aplicaos el cuento. Recordad que cada vez que os masturbáis, Dios mata a un pobre gatito.
Teniendo en cuenta la conocida tendencia de los parisinos a cuidar su aspecto personal y el de sus tiendas, monumentos y calles, no deja de ser paradójico que las papeleras públicas presenten este aspecto tan horroroso. Je ne comprend pas!
Con una extensión de 48 hectáreas y aproximadamente un millón de “residentes”, el cementerio de Père Lachaise es el más grande de la capital francesa. Aquí yacen los restos de personajes tan célebres como Oscar Wilde, Edith Piaf, Simone Signoret, Yves Montand o, por supuesto, Jim Morrison. A pesar de que la tumba del cantante de los Doors es la más visitada del cementerio, también es una de las más descuidadas, y la verdad es que me decepcionó bastante. No recuerdo a quien pertenece la sepultura de la foto, pero por algún extraño motivo me hace pensar en la portada del grandioso álbum de debut de Black Sabbath.









