Archivos mensuales: Abril 2008

Ted Leo and the Pharmacists

El próximo mes de agosto, los chicos de Atzavara Club pondrán en marcha la décima edición del Sant Feliu Fest. Para los no iniciados en la materia, se trata de una de las principales citas de música independiente, en el sentido más estricto del término, que se celebran en España. Empezó en 1998 como un festival dedicado enteramente al hardcore y con el tiempo fue dando cabida a otros géneros y sonoridades de carácter alternativo, como el post rock, el metal, el noise o lo que entonces llamábamos emo (hay que ver en lo que terminan degenerando las etiquetas). La foto que encabeza esta entrada es de la actuación del muy recomendable Ted Leo, en 2005.

E150

Mi primera experiencia santfeliuense fue en la tercera edición del festival, en el año 2000. La recuerdo con un gran cariño porque, aparte de abrirme las orejas a un tipo de música que hasta el momento sólo había conocido de forma superficial, supuso mi desvirgamiento en lo que a fotografía de conciertos se refiere. Armado con una modesta aunque efectiva Pentax MZ-50, regalo de Reyes de mis padres, y sin tener ni pajolera idea de términos como exposición, apertura de diafragma o profundidad de campo (¿mandeeee?¿lo cualo?)  me atrincheré en las primeras filas para retratar a bandas que en aquel momento me sonaban a chino y que luego pasarían a ser habituales en mi agenda de conciertos, como Hopeful, Standstill o E150. Estos últimos son los protagonistas de la segunda foto.

Las ensaladas de pasta y las hamburguesas de seitán del catering vegetariano, las cervecitas frescas para aliviar el picor de garganta que nos provocaba el polvo del campo de fútbol, las pintas horteras de los festivaleros franceses (menudos liantes), los despertares resacosos en el desaparecido camping Balmanya… Ay, qué recuerdos. Enfermera, por favor, déme el bastón y acompáñeme a dar un paseíto hasta Sant Feliu de Guíxols. Vamos a rockear de lo lindo.

Rambla del Raval, saturday morning

Durante un corto período de tiempo, algo antes de pasarme a la fotografía digital, me dio por rastrear eBay en busca de cámaras poco convencionales de 35 milímetros. Uno de mis mejores hallazgos (junto a una Lubitel rusa y una maravillosa Rollei 35 SE), fue la Olympus Pen EE2, un curioso cacharro que tomaba dos imágenes por negativo, con lo que con un carrete de 36 llegabas a sacar la friolera de ¡72 fotos! Naturalmente, esto no es nada comparado con las que te caben en una tarjeta de 2 GB, pero en los tiempos de la gelatina y los haluros de plata representaba una buena manera de ahorrar película. Cuando recibí el paquete con la cámara, la cargué de diapositiva en color de 100 ISO y salí a dar una vuelta por el Raval. Una de mis primeras víctimas fue este veterano afilador, el primero que veía desde mi infancia en Pineda y el único con el que he topado hasta ahora en  Barcelona.

Plaça Canonge Colom, May 2005

Por si no os habíais hecho todavía una idea, así es como queda un negativo (o en este caso una diapositiva) disparada con una cámara de medio marco. Como es de esperar, lo que ganas en espacio para fotos lo pierdes en calidad, ya que la superficie sobre la cual se forma la imagen es la mitad de la de un negativo normal. Esto se nota al hacer copias de tamaños medianos y grandes, de 18×24 o más. Lo mejor de todo es que la cámara se ve muy inofensiva, prácticamente de juguete, algo que ayuda mucho en la llamada street photography, ya que puedes abordar a la gente y hacerles fotos por las buenas sin que se sientan especialmente agredidos. De hecho, el abuelo que aparece junto a las palomas en la plaza Canonge Colom se echo a reír en mi cara, seguramente pensando que me faltaba algún tornillo… 

Danko Jones (V)

Danko Jones sabe que su nombre inspira previsibles chascarrillos entre las audiencias hispánicas. Y como además de tener sentido del humor el tipo gasta una labia envidiable (para más señas recomiendo una visita a la página oficial de sus proyectos de radio y spoken word) en su última visita a Barcelona nos deleitó con varios monólogos en los que, entre otras cosas, dejó claro que odia la música electrónica y rindió tributo a algunos de los más ilustres fiambres del rock, empezando por James Brown y terminando por Johnny Ramone. Aunque el momento más memorable (a nivel humorístico, se entiende) del bolo se produjo cuando el rockero canadiense degustó con fruición una botella de horchata valenciana. A partir de aquel momento dejó de ser Dan Cojones para convertirse en Danko Chufi.

Danko Jones (IV) 

Más fotos del concierto y una crónica del mismo, todo obra de servidor de ustedes, en Atiza.