Archivos mensuales: Abril 2008

Ted Leo and the Pharmacists

El próximo mes de agosto, los chicos de Atzavara Club pondrán en marcha la décima undécima edición del Sant Feliu Fest. Para los no iniciados en la materia, se trata de una de las principales citas de música independiente, en el sentido más estricto del término, que se celebran en España. Empezó en 1998  1997 como un festival dedicado enteramente al hardcore y con el tiempo fue dando cabida a otros géneros y sonoridades de carácter alternativo, como el post rock, el metal, el noise o lo que entonces llamábamos emo (hay que ver en lo que terminan degenerando las etiquetas). La foto que encabeza esta entrada es de la actuación del muy recomendable Ted Leo, en 2005.

E150

Mi primera experiencia santfeliuense fue en la tercera cuarta edición del festival, en el año 2000. La recuerdo con un gran cariño porque, aparte de abrirme las orejas a un tipo de música que hasta el momento sólo había conocido de forma superficial, supuso mi desvirgamiento en lo que a fotografía de conciertos se refiere. Armado con una modesta aunque efectiva Pentax MZ-50, regalo de Reyes de mis padres, y sin tener ni pajolera idea de términos como exposición, apertura de diafragma o profundidad de campo (¿mandeeee?¿lo cualo?)  me atrincheré en las primeras filas para retratar a bandas que en aquel momento me sonaban a chino y que luego pasarían a ser habituales en mi agenda de conciertos, como Hopeful, Standstill o E150. Estos últimos son los protagonistas de la segunda foto.

Las ensaladas de pasta y las hamburguesas de seitán del catering vegetariano, las cervecitas frescas para aliviar el picor de garganta que nos provocaba el polvo del campo de fútbol, las pintas horteras de los festivaleros franceses (menudos liantes), los despertares resacosos en el desaparecido camping Balmanya… Ay, qué recuerdos. Enfermera, por favor, déme el bastón y acompáñeme a dar un paseíto hasta Sant Feliu de Guíxols. Vamos a rockear de lo lindo.

Rambla del Raval, saturday morning

Durante un corto período de tiempo, algo antes de pasarme a la fotografía digital, me dio por rastrear eBay en busca de cámaras poco convencionales de 35 milímetros. Uno de mis mejores hallazgos (junto a una Lubitel rusa y una maravillosa Rollei 35 SE), fue la Olympus Pen EE2, un curioso cacharro que tomaba dos imágenes por negativo, con lo que con un carrete de 36 llegabas a sacar la friolera de ¡72 fotos! Naturalmente, esto no es nada comparado con las que te caben en una tarjeta de 2 GB, pero en los tiempos de la gelatina y los haluros de plata representaba una buena manera de ahorrar película. Cuando recibí el paquete con la cámara, la cargué de diapositiva en color de 100 ISO y salí a dar una vuelta por el Raval. Una de mis primeras víctimas fue este veterano afilador, el primero que veía desde mi infancia en Pineda y el único con el que he topado hasta ahora en  Barcelona.

Plaça Canonge Colom, May 2005

Por si no os habíais hecho todavía una idea, así es como queda un negativo (o en este caso una diapositiva) disparada con una cámara de medio marco. Como es de esperar, lo que ganas en espacio para fotos lo pierdes en calidad, ya que la superficie sobre la cual se forma la imagen es la mitad de la de un negativo normal. Esto se nota al hacer copias de tamaños medianos y grandes, de 18×24 o más. Lo mejor de todo es que la cámara se ve muy inofensiva, prácticamente de juguete, algo que ayuda mucho en la llamada street photography, ya que puedes abordar a la gente y hacerles fotos por las buenas sin que se sientan especialmente agredidos. De hecho, el abuelo que aparece junto a las palomas en la plaza Canonge Colom se echo a reír en mi cara, seguramente pensando que me faltaba algún tornillo… 

Danko Jones (V)

Danko Jones sabe que su nombre inspira previsibles chascarrillos entre las audiencias hispánicas. Y como además de tener sentido del humor el tipo gasta una labia envidiable (para más señas recomiendo una visita a la página oficial de sus proyectos de radio y spoken word) en su última visita a Barcelona nos deleitó con varios monólogos en los que, entre otras cosas, dejó claro que odia la música electrónica y rindió tributo a algunos de los más ilustres fiambres del rock, empezando por James Brown y terminando por Johnny Ramone. Aunque el momento más memorable (a nivel humorístico, se entiende) del bolo se produjo cuando el rockero canadiense degustó con fruición una botella de horchata valenciana. A partir de aquel momento dejó de ser Dan Cojones para convertirse en Danko Chufi.

Danko Jones (IV) 

Más fotos del concierto y una crónica del mismo, todo obra de servidor de ustedes, en Atiza.

Die Mannequin (IV)

Esta jovencita es Care Failure, vocalista y guitarra del trío canadiense Die Mannequin, que teloneó a Danko Jones en su actuación del pasado 18 de abril en el Apolo barcelonés. En Atiza encontraréis mi crónica del concierto, así como una galería con algunas las mejores fotos de la velada. Y digo algunas porque aquella noche los planetas se alinearon, se completó el círculo virtuoso laportiano y todas las cervezas eran frías y con dos dedos de espuma. Vamos, que sin caer en la autocomplacencia, creo que las fotos me salieron bastante mejor de lo habitual.

Die Mannequin (VI)

Atiza lleva desde 1998 informando sobre todo lo que se cuece en Barcelona en lo que a música en directo se refiere, con una completa agenda de conciertos que cubre una amplísima variedad de estilos, información sobre grupos y locales… y una sección llamada Rockimprès, en un principio destinada a mostrar el trabajo fotográfico de Sergio Flores, y que desde hace ya unos cuantos años recoge las crónicas visuales de un variopinto grupo de foteros (entre los que me incluyo) cuyo nexo común es el amor incondicional a la música en vivo. Echadle un vistazo porque hay material muy interesante, de verdad.

Somewhere near the highway

La foto que encabeza esta entrada es de una minúscula construcción que se encuentra justo al lado de la autopista C-32, la del Maresme, a medio camino entre las salidas de Sant Pol y Canet de Mar. La encontré por casualidad mientras conducía de noche por un serpenteante camino de tierra, oscuro, estrecho y repleto de baches, en búsqueda de un puente desde el cual quería cazar las estelas de los coches que circulaban por los carriles de la autopista (el resultado, aquí). La verdad es que el chiringuito es bastante curioso, no sabría decir exactamente qué función debe tener: ¿almacén? ¿chaletito? En las proximidades había varios huertecitos, un terreno vallado que incluía mesas, sillas y chucho del subgénero ladrador compulsivo.

Torre de Merola (II)

Las ruinas de la Torre de Merola, una casa señorial del siglo XV visible desde la misma autopista C-32, que se encuentra en un rinconcito del polígono industrial Can Roger de Pineda de Mar. Encontraréis información detallada sobre la torre aquí (en catalán) y aquí (en castellano). Su estado es realmente lamentable, apenas se mantienen en pie cuatro paredes y para acercarse a ellas hay que pelearse con una frondosa vegetación y con la basura que algún vecino de la zona, convencido de ser el rey de la Creación y el puto amo del mundo, deposita alegremente en los alrededores.