Las ruinas del antiguo pueblo minero de Rodalquilar parecen atraer la curiosidad de todo tipo de turistas, desde los que casualmente pasan por allí hasta a fanáticos de lo abandonado y la exploración urbana, pasando por artistas del stencil/vándalos incívicos (la nomenclatura varía según te lo diga el Tentaciones de El País o el Ayuntamiento de Barcelona) como el célebre Dr. Hoffmann. Por cierto, gracias a Tirandofotos por la información, ni me había dado cuenta de que el cabezón afro de la foto era obra suya.
Por desgracia, no todas las inscripciones que cubren las paredes del pueblo resultan tan agradables a la vista. Al igual que en muchos otros sitios, las casas abandonadas sirven de refugio puntual a adolescentes botelloneros que, quién sabe si por estupidez congénita o por la influencia de la ginebra de garrafón, llevan a cabo actos de garrulismo extremo como el perpetrado en el interior de esta vivienda.
Otra de las casas de una sola planta y dos o tres habitaciones que componen la mayor parte del pueblo. Resulta inevitable pasearse en medio de los escombros intentando imaginar cómo debía ser la vida aquí hace algo más de medio siglo. Seguramente mucho más animada que hoy. Lo que en un momento fue una próspera población minera hoy en día sólo serviría como decorado apocalíptico para alguna película futurista de serie B. Aunque mejor no lo digo muy alto que todavía estaré dando ideas a alguien…


