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Neal's Yard

Escondido entre las callejuelas cercanas al mercado de Covent Garden se encuentra Neal’s Place, un rinconcito tan apacible, limpio y colorido que no parece londinense. Encontrarlo nos costó algo más de media hora dando vueltas y una llamada de móvil al extranjero, pero mereció la pena. Al menos eso parece, ¿no?

Kensington Gardens (II)

Una tarde soleada (prácticamente el único momento en que la lluvia, la nieve y el granizo nos dieron tregua) en Kensington Gardens, una zona conocida por albergar el palacio donde pasó sus últimos días Diana de Gales. Sin embargo, la fallecida “princesa del pueblo” no será lo primero que me venga a la cabeza a partir de ahora cuando oiga el nombre de este parque, sino la ardilla que me intentó agredir cuando me acerqué a hacerle una foto. Lo que no me pase a mí…

Covent Garden

Para terminar la primera entrega, la inevitable foto del artista callejero de turno intentando ganarse unos peniques a costa de los rebaños, perdón, grupos de turistas. Éste montaba su espectáculo frente al mercado de Covent Garden y la verdad es que se lo curraba. Ya podrían aprender de él las sobadísimas estatuas humanas de las Ramblas de Barcelona.

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En 1991, tras una breve aunque cruenta guerra civil que terminó con la desintegración de Yugoslavia, Croacia consiguió la independencia. Cuatro años más tarde, la región de la Krajina, cuya población era en su mayoría de origen serbio, proclamó su secesión del recién nacido estado croata. La respuesta del gobierno de Zagreb no se hizo esperar y reconquistó la zona con una ofensiva militar calificada por muchos como limpieza étnica pura y dura, que costó la vida a miles de serbios y provocó el éxodo de otros tantos.

Bullet holes

Eso fue en 1995. En 2005 todavía se podía ver el rastro de la masacre en los agujeros de balas y mortero que adornaban las fachadas de numerosos edificios (sobre estas líneas, en la ciudad de Gospic) y en casas abandonadas por los serbios que sus vecinos croatas se encargaron de incendiar y desvalijar, continuando una tradición de odio y exerminio mutuo que en los Balcanes se remonta a la noche de los tiempos.

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La Krajina es en la actualidad la zona más pobre y deprimida de Croacia, aunque, como podéis ver, la televisión digital y el porno de pago creen que pueden encontrar clientela allí. Ironías de la vida.

Midoré es una patisserie situada en el cruce entre Rue d’Amsterdam y Rue de Londres. A simple vista no difiere demasiado del millar de bares parisinos donde uno puede parar a tomarse un café con leche y un bollo. Lo curioso de este establecimiento (cubierto y aislado de la calle) es que los pájaros entran a picotear entre los restos de comida que quedan en las mesas. Y también, cómo no, a obsequiar a la clientela con sus bonitas deposiciones. Así que si os ocurre visitar esta cafetería, comprobad que la silla que cojáis esté limpia.
Otro de los parroquianos aviarios de Midoré.
Una de las incorporaciones más recientes a la larga lista de famosos enterrados en el cementerio de Père Lachaise es la actriz Marie Trintignant, que falleció en 2003 a la edad de 41 años, a causa de un edema cerebral provocado por una paliza que le pegó su novio, Bertrand Cantat (cantante del grupo de rock Noir Désir). Huelga decir que el individuo hace tiempo que está en chirona y lo tiene francamente crudo para salir.
El Arco de Triunfo del Carrusel, en el Jardin des Tuileries, al ladito mismo del museo del Louvre. Por lo que pudimos comprobar, se trata de uno de los parques favoritos de las parejas parisinas para pegarse el lote y hacerse mimitos. Ah, y también nos dimos cuenta de que a los franceses les encanta descalzarse cuando se apalancan en los bancos (!)
El icono parisino por excelencia. Acudimos de noche con la esperanza de no encontrar cola para subir. Craso error: había tanta gente como en las horas diurnas. Intentamos ver la torre desde el otro lado (el de la avenida Gustave Eiffel) pero, cuando nos disponíamos a cruzar la base, tres soldados vestidos de camuflaje y armados hasta los dientes nos dijeron, muy educadamente, eso sí, que nasti de plasti. Y yo no me voy a discutir con un tío que tiene un dedo en el gatillo de un fusil, claro.