En la cima de una pequeña colina, a pocos metros de la carretera N-II a su paso por Pineda de Mar, se encuentra lo que queda de Can Roig. Se trata de una masía de dimensiones nada despreciables, levantada sobre los restos de un poblado romano (construido entre los siglos I y V de nuestra era) del que todavía se conservan los cuatro arcos de un acueducto.
Sobre la casa en sí apenas he podido encontrar información en Internet. Sé que estuvo habitada en régimen de alquiler durante la segunda mitad del siglo XX. Por las escasas pintadas que pude encontrar en los exteriores deduzco que la masía ya estaba abandonada a principios o mediados de los años 90, época en la que empiezan a aparecer los primeros ‘tags’ grafiteros en la zona, como el que aparece en esta foto.
Aunque, como ya he dicho en alguna otra ocasión, en este pueblo no nos caracterizamos precisamente por preocuparnos mucho por nuestro patrimonio histórico y arquitectónico, no deja de sorprenderme que entre todos (paso de hacer demagogia fácil) hayamos dejado que una reliquia como esta se esté cayendo a pedazos. En la próxima entrega, más fotos, incluyendo tomas diurnas del interior. Sí, diurnas. Con lo hecha polvo que está la casa es mejor no entrar de noche…
EDITO (3/11/2008): Por una fuente de total fiabilidad me he enterado de que el Ayuntamiento lleva tiempo haciendo gestiones para restaurar la casa y catalogarla como patrimonio arquitectónico. Espero que dentro de no mucho tiempo podamos ver los resultados de ese trabajo.









