Parafraseando al autor de la excelente bitácora Abandonalia, “lo malo de tener un blog que genera contenidos es que resulta bastante más difícil de actualizar que uno que se dedica a recopilar o comentar lo que hay por la red. Y si el contenido requiere algo más que usar el propio cerebro – como contar la vida y milagros de uno mismo, por ejemplo – como es el caso de este, en que tiempo, cámara y coche son imprescindibles, peor que peor”.
En mi caso, la inesperada defunción de la cámara con la que he hecho la mayoría de mis fotos y la falta de tiempo para asistir a conciertos y andar con el trípode a hombros a horas intempestivas han hecho que esta página haya entrado en una fase de aletargamiento progresivo, por no hablar de coma profundo. Para lo primero ya he encontrado solución: una flamante Canon EOS 40D. Ahora sólo me falta organizar mejor mi agenda (aunque primero debería comprarme una, claro).
Pues eso, que sólo quería confirmar que tanto yo como esta publicación electrónica de periodicidad irregular y contenido fotográfico variable seguimos vivitos y coleando. Para ilustrarlo me he permitido usar esta alegre instantánea que una esbelta amazona de piel pálida y larga melena negra me sacó en el transcurso de una sesión de chamanismo. Bueno, vale, lo reconozco, era en el Mini Hollywood del desierto de Tabernas, en Almería. Un sitio que tiene su miga también. Algún día le dedicaré una entrada, ¿tal vez la próxima…?

