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Somewhere near the highway

La foto que encabeza esta entrada es de una minúscula construcción que se encuentra justo al lado de la autopista C-32, la del Maresme, a medio camino entre las salidas de Sant Pol y Canet de Mar. La encontré por casualidad mientras conducía de noche por un serpenteante camino de tierra, oscuro, estrecho y repleto de baches, en búsqueda de un puente desde el cual quería cazar las estelas de los coches que circulaban por los carriles de la autopista (el resultado, aquí). La verdad es que el chiringuito es bastante curioso, no sabría decir exactamente qué función debe tener: ¿almacén? ¿chaletito? En las proximidades había varios huertecitos, un terreno vallado que incluía mesas, sillas y chucho del subgénero ladrador compulsivo.

Torre de Merola (II)

Las ruinas de la Torre de Merola, una casa señorial del siglo XV visible desde la misma autopista C-32, que se encuentra en un rinconcito del polígono industrial Can Roger de Pineda de Mar. Encontraréis información detallada sobre la torre aquí (en catalán) y aquí (en castellano). Su estado es realmente lamentable, apenas se mantienen en pie cuatro paredes y para acercarse a ellas hay que pelearse con una frondosa vegetación y con la basura que algún vecino de la zona, convencido de ser el rey de la Creación y el puto amo del mundo, deposita alegremente en los alrededores.

Palms in the night

¿Bonita localización, eh? Pues no es ni Hawaii, ni Punta Cana, ni Jamaica, ni nada que se le parezca. Este heterogéneo grupo de palmeras se encuentra en la playa de Santa Susanna, justo en el límite con el término municipal de Pineda de Mar. En un radio de menos de un kilómetro uno puede encontrar un cementerio, una depuradora, un solar desértico a pocos pasos del agua, la vía del tren y una carretera local bastante transitada. Por muy fiel que quieras ser a la realidad, en el momento en que buscas el encuadre antes de apretar el obturador ya estás seleccionando sólo una parte del todo y obviando el resto. Al final tal vez tendré que dar la razón a los que consideran que la fotografía es manipuladora por naturaleza… o no, que tampoco me da la gana.

Cal Capità

Lo que queda en pie de Cal Capità, una antigua masía de la que apenas se conservan la fachada y un par de paredes, en el parque natural del Montnegre, entre los términos municipales de Calella y Pineda de Mar. La casa da a un camino forestal, muy frecuentado por los practicantes del senderismo y la bicicleta de montaña . Para conseguir esta foto tuve que dejar el obturador abierto durante 12 minutos (y menos mal que había luna llena, en caso contrario habrían sido más) que se me hicieron un poco largos: hacía un frío de co-jo-nes, no había ninguna fuente de luz artificial en al menos 500 metros y el único sonido que me llegaba a los oídos eran los aullidos tristes y lejanos de un perro, seguramente enjaulado.

Km. 666 revisited

Para terminar, otra toma de mi querido kilómetro 666 de la carretera Nacional II. En sus inmediaciones se encuentran el precioso faro de Calella, por desgracia cerrado al público (un día de estos tengo que conseguir que me dejen entrar) y la impresionante playa de la Roca Grossa, que ya habréis visto alguna que otra vez en este blog. Os dejo con un interesante relato, basado en hechos reales, sobre este punto demoníaco.

Aún siendo consciente de que la URL de este blog es xavieraragonesfoto.wordpress.com y que forma parte del colectivo Barcelona Photobloggers, debo confesar que mucho antes de ir robando las almas de la gente para encerrarlas tras el obturador, hice mis primeros pinitos en el mundo de la imagen como documentalista videográfico.

Los sujetos de mi “trabajo” eran mis amigos X-Tridents, seguramente el conjunto musical más cafre que haya salido nunca de la plácida, por no decir comatosa, localidad de Pineda de Mar. Con la cámara de vídeo 8 que mi padre muy gustosamente me prestaba (obviamente sin tener ni idea de los fregaos en los que yo me metía), me dediqué durante un tiempo, aproximadamente entre 1998 y 1999, a grabar las caóticas actuaciones de la banda, en las que la rabia juvenil, el frenesí de su propuesta sonora y, principalmente, las cervezas que se cascaban antes de tocar, solían provocar altercados tan violentos como hilarantes.

¿Y a qué viene esta batallita? Pues a que hace pocos días me dediqué a digitalizar la grabación del concierto de X-Tridents en el Ekipa de Pineda, el segundo más surrealista de la historia del grupo (el primero fue una actuación en la plaza del pueblo ante un público de mediana edad y en su mayoría votante de Convergència i Unió). Toda la esencia de estos cinco vespineros del Apocalipsis quedó plasmada en 40 y pocos minutos de distorsión, acoples, conatos de pelea y sombreros mejicanos, culminados con la imagen del cantante paseándose por la sala aporreando la caja de la batería, previamente asaltada y desmontada de forma chapucera.

Aquí podéis ver algunos cortes de tan mítico bolo, junto a fragmentos de actuaciones de la otra gran banda del punk pinedense, Kinder Malo (que también se merecen un post entero) y a un pequeño corto que grabé el pasado verano con la función de vídeo de mi Panasonic LX2.